
Tu alivio por mi fracaso dice más de ti que de mí.
- 19 feb
- 2 Min. de lectura
Hay una patología silenciosa en el ecosistema emprendedor. Una "doble mirada" que oscila peligrosamente entre la admiración y el resentimiento; o en palabras más claras, entre la comparación y la envidia.
Vemos al emprendedor levantar capital, salir en portadas y llenar estadios.
En ese momento, el cerebro colectivo aplaude. Generamos dopamina por asociación: "Si él pudo, es posible"; "Si ese es capaz, yo también".
Pero, si somos brutalmente honestos y nos miramos al espejo sin máscaras… existe una parte oscura en nuestra psique que espera, casi con ansias, el tropiezo del otro.
El otro día reflexionaba sobre el caso de una startup "Unicornio" en Colombia que, tras tocar el cielo, cayó un 80% en su valoración.
Lo fascinante desde la conducta humana no fue la caída financiera (el mercado fluctúa, es un hecho), sino la reacción emocional del entorno (el juicio).
Vi gente aliviada, vi comentarios que destilaban un placer culposo:
"¿Ves? No era tan bueno como decía."
"Sabía que no iba a funcionar."
"Al final, todos caen."
"Lo que dije, era un vende humo."
¿Por qué pasamos de la admiración a la burla en un segundo?
Aquí entra la mirada que quiero regalarte hoy: La Ley del Espejo y la Sombra.
No nos alegra la caída del otro porque seamos "malas personas". Nos alegra porque su caída valida nuestra incapacidad, nuestro miedo, nuestra debilidad disfrazada de inteligencia.
Cuando vemos a alguien triunfar masivamente, esa luz es tan fuerte que proyecta nuestra propia sombra. Su éxito nos recuerda todo lo que no nos hemos atrevido a hacer, los riesgos que no tomamos, la incomodidad que evitamos. Y eso duele en el ego.
La comparación, cuando no se gestiona desde la inspiración, se convierte en ira.
* Si el gigante se mantiene en pie, yo me siento pequeño por no intentarlo.
* Pero si el gigante cae... ah, entonces mi estatura es "correcta". Mi miedo estaba justificado.
Su fracaso se convierte en la excusa perfecta para mi cobardía: "¿Para qué arriesgarme si mira cómo terminó él?".
El alivio que sientes al ver caer a otro es simplemente el miedo que te habita, dándote las gracias por no moverte.
Entonces, ¿cómo salimos de este bucle tóxico?
Dejando de construir identidad sobre la arena de la opinión pública.
Si construyes tu negocio o tu vida esperando el aplauso (validación externa), le estás entregando el control remoto de tus emociones a una multitud que proyectará sus propios miedos, su enojo, su frustación, en ti.
El mismo público que hoy te endiosa porque representas su esperanza, mañana te crucificará porque representas su frustración.
* Construye por la excelencia, no por la fama.
* Construye por el juego infinito, no por el marcador.
* Construye porque tu SER te lo pide, no para que tu HACER sea visto.
Si no necesitas sus aplausos para sentirte valioso, sus abucheos no tendrán poder para destruirte.
Pregunta para cerrar el día:
¿Estás trabajando para crear algo real, o solo estás actuando para que te miren?
Seguimos.
Manuel Durán
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